70 aniversario de la OTAN: de la Guerra Fría al intervencionismo humanitario.

70 aniversario de la OTAN: de la Guerra Fría al intervencionismo humanitario.

En Febrero de 1947, el subsecretario de estado de la administración Truman expresaba la conveniencia de ayudar militarmente a Grecia y Turquía con la finalidad de defender la libertad y la autodeterminación de esos países contra una posible ocupación de Oriente. Sin embargo, Estados Unidos no tenía claro si era su deseo comprometerse en una alianza militar con Europa después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, pero dos acontecimientos forzaron su decisión: la urgencia de la ayuda militar a Grecia y Turquía, como ya se ha comentado, y la presentación del Plan Marshall, el Programa de Recuperación Europea.

Algunos consideran que en ese contexto internacional, uno puede encontrar los orígenes más profundos de la Guerra Fría, pues la colaboración entre Europa y Estados Unidos sentaba las bases de una contención militar contra la amenaza soviética, y la puesta en marcha del Plan de Recuperación Económica para Europa ofrecía dos ventajas significativas para Estados Unidos; por un lado, evitaba que las débiles potencias europeas tratarán de iniciar alguna recuperación económica en su moneda nacional, o peor aún, con ayuda de Oriente y, por otro lado, era la garantía de que los países europeos cerrarían sus transacciones comerciales, incluyendo préstamos, en dólares americanos.

Estados Unidos aumentaba su influencia en el Viejo Continente en una época en la que los enemigos se encontraban del otro lado del Atlántico. La mayoría de los países de Europa Occidental aceptaron incorporarse al apoyo económico de Estados Unidos, sin perder de vista la amenaza oriental siempre latente. Esa situación obligaba a crear una organización de estados occidentales en una unidad coherente de modo que su alcance fuera “occidental” y no simplemente “europeo”. Un nuevo acontecimiento hizo necesaria una organización militar. Ese hecho fue el golpe de estado comunista en Checoslovaquia en Febrero de 1948.

El 17 de Marzo de 1948, Francia, Gran Bretaña y los países del Benelux firmaron el Pacto de Bruselas o de la Unión Occidental que contemplaba la respuesta inmediata y armada de todos los miembros en caso de un ataque dirigido contra cualquiera de ellos. Sin embargo, el primer borrador se negoció en secreto entre Estados Unidos y Gran Bretaña a espaldas del resto de los socios europeos del Pacto de Bruselas. Los primeros socios fundadores de la OTAN se nos presentan repartidos en tres niveles de importancia de mayor a menor: en un primer escalón, con Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá; un segundo nivel conformado por los países signatarios del Acuerdo de Bruselas y, por último, un tercero constituido por los países invitados a incorporarse a la Nueva Alianza: Dinamarca, Islandia, Italia y Noruega.

Finalmente, el 4 abril de 1949 se firmó el Tratado de Washington o  Fundacional de la Alianza del Atlántico Norte después de varias rondas de negociaciones entre los países firmantes del Tratado de Bruselas. La finalidad de ese acuerdo consistió en la defensa de cualquiera de sus miembros en caso de un ataque externo.

En el corazón de la Guerra Fría y hasta la caída de la Unión Soviética en 1991, la política de la OTAN se desarrolló dentro del marco de la desquiciada carrera del armamento nuclear, por lo que Estados Unidos aumentó desmesuradamente su gasto militar, obligando a los miembros de la Alianza Atlántica para aumentar su gasto y bases militares a lo largo y ancho de Europa Occidental. De hecho, en la década de los cincuentas, Europa se llenó literalmente de bases militares al servicio de Estados Unidos y los intereses transatlánticos. Esa situación aumentó la influencia del ejército en la política estadounidense y en la toma de decisiones sobre asuntos internacionales, con el resultado final de una “política exterior militarizada”; pero con una desventaja para los socios europeos que bajo la política norteamericana del “reparto de cargas” (burden sharing), se vieron obligados a pagar contraprestaciones económicas por el gasto ocasionado por la protección militar del suelo europeo, sin dejar de mencionar que también estaban obligados a comprar armamento convencional norteamericano más allá incluso de sus necesidades reconocidas, entre otras contrapartidas económicas.

Una vez finalizada la Guerra Fría, se vio amenazada la existencia de la Organización Atlántica ante la ausencia de un enemigo a la vista, pues muchos expertos aseguraban que la Organización también desaparecería en vista del nuevo contexto internacional; pero pronto  aparecieron nuevos enemigos que amenazaban la libertad, la democracia y la amistad de los socios atlantistas. Esos enemigos  fueron los nacionalismos peligrosos que emergieron en Europa Oriental, el Islam, las migraciones del Sur, el terrorismo internacional y hasta el narcotráfico.

En ese sentido, la Organización, a diferencia de la desenfrenada carrera armamentista de la Guerra Fría, también cambió su política de acción para adecuarse a la nueva realidad  y enfrentar  a sus nuevos enemigos. Esa nueva política fue el “intervencionismo humanitario”, es decir, la OTAN se legitimaba a sí misma como el nuevo garante de la paz internacional defendiendo la llamada “injerencia militar humanitaria” fundamentada en principios morales que, según sus defensores, se impondrían a cualquier consideración de derecho internacional, y pese a los debates sobre la injerencia humanitaria e inclusive sin autorización de la ONU, la política de la OTAN se adaptaba a su nueva misión en el mundo de la pos Guerra Fría.

Ante ese nuevo contexto, los países fundadores de la OTAN hubieron de modificar el artículo IV del Tratado de Washington que limitaba  las operaciones militares únicamente dentro del territorio transatlántico a efecto de ampliar el campo de acción militar e intervenir  en cualquier parte del mundo que así lo amerite y finalmente lo consiguieron, ya que desde la Guerra del Golfo y hasta el conflicto civil en los Balcanes a finales de los noventas, las tropas militares del Tratado Atlantista, bajo la bandera de la “injerencia humanitaria” han intervenido en los conflictos internacionales más relevantes del siglo XX, y algunas de esas operaciones han contado incluso con la legitimación  del Consejo de Seguridad  de la ONU, pese a que ese intervencionismo humanitario ha causado la muerte de miles y miles de gente inocente. 

Resulta evidente la que Organización del Atlántico Norte y sus fundadores han sabido rentabilizar la figura eterna del “enemigo” durante sus 70 años de vida, pues en vista del dinamismo y los cambios que ha experimentado el mundo en los últimos 70 años, la política atlantista de acción militar aún sigue vigente e incluso ha ganado nuevos socios desde su fundación; pero también hay un lado oscuro, ya que uno de los principales factores que han propiciado la vigencia de la OTAN es que ésta también ha servido para conservar los intereses hegemónicos de sus socios  sean militares o no; así como las muertes colaterales de muchas personas inocentes ocasionadas por sus operativos y ofensivas militares.

Otro de los síntomas negativos de la vigencia del Tratado del Atlántico Norte sigue siendo el reparto de cargas (burden sharing), pues Estados Unidos sigue exigiendo el pago de contraprestaciones económicas a sus colegas europeos por la seguridad que le brindan sus tropas, pese a que muchos de éstos no alcanzan a cubrir el porcentaje mínimo que le exige el gobierno estadounidense; además de los serios problemas financieros que implica el reparto de cargas, también podemos mencionar el deterioro del entorno ambiental que ha causado la instalación y el funcionamiento de bases militares en Europa, y uno de los países más afectados por esa contaminación es Alemania, la economía más fuerte de la OTAN después de Estados Unidos.

A 70 años de su fundación, la organización interna, la política de acción militar, los problemas financieros y la existencia de un enemigo eterno siguen siendo los pilares que le dan sustento al Pacto del Atlántico, y en vista del actual contexto internacional parece que no habrá cambio significativo en el “modus vivendi” de la OTAN  a pesar de que la paz internacional siempre será una pretensión legítima de todos los países del mundo.
 

Por Lic. Francisco Javier Rodríguez.
Presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales
de Coparmex Metropolitano.

 

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