EL CONSEJO DE SEGURIDAD DE LA ONU: LA ENCRUCIJADA DEL CAMBIO

EL CONSEJO DE SEGURIDAD DE LA ONU: LA ENCRUCIJADA DEL CAMBIO

Desde su nacimiento, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se ha planteado la convivencia e integración armónica de todos los países, y ha logrado mucho al respecto, aunque el Organismo se ha quedado callado ante eventos internacionales importantes como guerras civiles, intervenciones no autorizadas, hambrunas y violaciones sistemáticas de derechos humanos. La ONU es un ente con presencia influyente en el mundo, pero el ejercicio de ese poder deriva fundamentalmente de su Consejo de Seguridad, pues es prácticamente el único de sus 6 órganos que puede tomar una decisión ejecutiva junto con los países miembros, como decisiones de rescate, distribución de alimentos, o apoyar a un país para esa acción e inclusive la medida extrema de intervenir militarmente en un territorio, por ejemplo, el caso de Libia en el 2011 donde gracias a la autorización expresa del Consejo de Seguridad, la OTAN entró a bombardear a Libia.

Si el Consejo de Seguridad no está de acuerdo en un proyecto, su decisión de ninguna manera se llevará a cabo, pues sólo basta que uno de sus 5 miembros permanentes manifieste su desacuerdo en alguna propuesta, a pesar de que el mundo entero la apoye, para que ésta nunca se realice. Los 5 miembros permanentes de este Organismo han establecido una especie de dictadura dentro de la Organización aprobando finalmente lo que conviene o no conviene de acuerdo a su criterio, pero ¿por qué tienen tanto poder? ¿quién se los dio?

La conferencia de Dumbarton Oaks fue la reunión en la que Estados Unidos, Reino Unido, Francia, la Unión Soviética y China fueron seleccionados como los 5 miembros permanentes de la ONU y que podían establecer operaciones para el mantenimiento de la paz y la autorización de diversas acciones militares mediante las resoluciones del Consejo de Seguridad, siendo el único Organismo de la ONU con la facultad de emitir resoluciones vinculantes para todos los Estados miembros.

Así las cosas, el Consejo de Seguridad de la ONU se conforma por 15 miembros, 5 permanentes y 10 no permanentes. En sus primeras décadas, el Consejo tenía 6 miembros no permanentes, pero en 1965, su número aumentó a 10. Estos miembros no permanentes son elegidos por la Asamblea General para periodos de 2 años que comienza el primero de enero y cinco se remplazan cada año. Para ser aprobado, el candidato debe recibir al menos dos tercios de los votos emitidos para resultar electo para esos efectos. Los integrantes no permanentes ejercen un rol muy importante dentro del Consejo de Seguridad, ya que para que una resolución sea aprobada se debe contar con nueve o más votos en la Sala, inclusive si un Estado permanente hizo la propuesta; por el contrario, cuando se trata del derecho de veto, éste sólo puede ser ejercido por cualquiera de sus miembros permanentes.

He aquí lo importante. Desde las pláticas previas a la creación de la ONU, el derecho de veto fue mal visto por el resto de los países y de hecho fue literalmente impuesto por las naciones con veto. Estados Unidos, Reino Unido, Francia, la Unión Soviética (hoy Rusia) y China, dijeron que sin esa reserva no habría ONU, pues a su criterio se trata de una facultad estratégica y de carácter necesario de modo que habría ONU y su Carta Magna con derecho de veto reservado para los países fundadores.

De esa manera las cinco potencias reglamentaban la política de que si alguna de ellas ejercía su derecho de veto, la propuesta de que se trate no sería aprobada por ese solo hecho. Este mecanismo ha funcionado desde 1946 y hasta nuestros días, pues desde entonces se han vetado alrededor de 230 resoluciones que no pasaron por la negativa de alguna de las potencias fundadoras.

¿Cuáles son las consecuencias del ejercicio de este singular derecho? Esto ha evitado que la ONU intervenga oportunamente en situaciones tan delicadas como la guerra civil en Siria, el conflicto de Yemen, el embargo de Cuba, la ocupación ilegal de los territorios palestinos por parte de Israel, la admisión de Palestina en la ONU y otras tantas situaciones. La decisión de nuevos países miembros con derecho de voto también debe contar con el aval de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Es por esta razón que, por ejemplo, Palestina es un miembro observador y no un miembro con derecho de voto, pues Estados Unidos ejercita esa facultad para rechazar la admisión de Palestina como integrante de la ONU.

En vista de que los 5 miembros permanentes saben que cualquiera de ellos puede ejercer el veto, es que las potencias afectadas recurren a la fuerza y a la intervención, violando de esa manera la Carta Magna de la ONU. Ejemplos de esta situación fue la invasión de Estados Unidos y Reino Unido a Irak en el 2003, pues esa intervención siempre fue vetada por Rusia y China. Otro ejemplo más fue la intervención de Rusia en Ucrania y luego la anexión de Crimea en el 2014.

La Asamblea General de la Naciones Unidas, como Órgano Supremo, puede opinar al respecto, pero a título de recomendación, pero únicamente es eso: una mera recomendación.

Los cinco grandes ya no representan al mundo como lo fue en 1946, pues aunque siguen siendo potencias mundiales, ya no son la únicas, ya que países como Alemania, Brasil, Japón e India que unidos acumulan un 20% del PIB mundial también son potencias; además hay países muy importantes desde un punto de vista económico como México, Indonesia y Sudáfrica que se perfilan como las potencias líderes del mañana.

Es evidente que ningún país querrá perder su facultad de veto, así que ¿por qué no lo ampliamos? Hay buenas propuestas sobre la mesa: Brasil, Alemania, India y Japón siempre se apoyan para que cualquiera de ellos ocupe un nuevo asiento como miembro permanente. Sin embargo, cualquier modificación a la Carta Magna de la ONU debe ser aprobada por su Consejo de Seguridad y es aquí donde radica el problema, ya que ninguna de las potencias perderá su poder e influencia en el mundo. Estados Unidos y Reino Unido apoyan a Japón, pero China no quiere a este país sobre la mesa a causa de los problemas territoriales que los han dividido, así que prefiere apoyar a India. Por otro lado, Rusia se niega a admitir a Alemania porque se convertiría en el país europeo occidental con más poder dentro de la ONU y junto a Francia y Reino Unido bloquearían cualquier resolución rusa.

México, Indonesia, Sudáfrica, entre otros, son países cuya población aumenta rápidamente y ocupan un rol más importante en la economía global; así que por el bien de la ONU debe haber una reforma integral de su Carta Magna. Es hora de que se reparta el poder en las Naciones Unidas y se acabe con la dictadura de los cinco grandes.

¿Debería existir o no el derecho de veto? ¿Es realmente necesario que los países más poderosos del mundo todavía estén al mando para garantizar la paz y la seguridad mundial?

 

Lic. Francisco Javier Rodríguez.
Presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales de Coparmex Metropolitano.

 

 

 

 

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