El Nuevo (Des) Orden Mundial

El Nuevo (Des) Orden Mundial

PRIMERA PARTE

Una vez más la revista The Economist nos sorprende con la publicación de la portada correspondiente a este mes de junio. Se trata, como de costumbre, de una portada reveladora y susceptible de interpretación, así como de una labor analítica que nos permita armar el rompecabezas cuyas piezas siempre nos muestra la publicación. Sus íconos también nos muestran una agenda o proyectos que podrían verificarse en el futuro. Es un camino que pudiera seguirse o no, ya que sus anuncios puedan cambiar, o cumplirse de manera diferente a la anunciada previamente.

En esta ocasión, la portada que nos ocupa se intitula “el nuevo desorden mundial” (the new world disorder). La imagen que ilustra la portada de este mes nos muestra los rostros de líderes conocidos en el mundo. Aparecen cuatro personajes: Donald Trump, Xi Jinping, Ángela Merkel y Vladimir Putin. Aparecen otros íconos muy reveladores para estos tiempos. Encontramos un personaje con un casco muy singular, que es un soldado de la India. Vemos dos objetos que hacen las veces de misil: del costado izquierdo una jeringa (inyección) y del costado derecho un cohete (espacial). Aparece el logotipo que describe el COVID-19, “el pajarito”, ícono del twitter, el logotipo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la bandera de Corea del Norte, la bandera de China y, al centro, el logotipo de la ONU.

La portada se divide en dos colores: naranja y gris. Todos estos elementos nos dicen algo y, en conjunto, integran el nuevo (des) orden mundial, según The Economist. Habrá que unir las piezas de este rompecabezas para averiguar el mensaje disperso en la imagen.

Veamos:

Empezamos con el título que denota la idea de un desorden previo al establecimiento de un orden, o #reajuste o #reseteo que resuelva esta caótica situación que ha envuelto al mundo a lo largo de lo que va el año. Tal vez esa es la razón por lo que la portada exhibe a los protagonistas de este (des) orden mundial.

Tenemos el ojo derecho de Donald Trump en un tono gris que muestra un fracaso o error frente a un éxito o acierto que la portada ilustra con el color naranja. De ahí que algunas imágenes aparezcan sin color y otras con color. He aquí el orden contra el desorden o, mejor dicho, el desorden contra el desorden.

Cuando el virus se propagó prácticamente por todo el mundo, Estados Unidos acusó al dragón de haber esparcido el virus chino por todo el mundo. Mares de denuncias de organismos y empresas estadounidenses inundaron la Corte Penal Internacional (CPI) acusando directamente al Partido Comunista Chino (PCCH) como autor de la actual contingencia sanitaria. Hechos sustentados en evidencia objetiva conforman el sustento de esas demandas. Conocemos esa evidencia, ya que tuvimos la oportunidad de revisar una de esas denuncias para emitir una opinión profesional en nuestro carácter de abogado, así que podemos referir que los argumentos, aunque desordenados, pudieran ser buenos, siempre que se perfeccione su contenido para lograr coherencia y sencillez en sus planteamientos.

Esta hipotética acusación, incluso, fue interpretada por el filósofo y lingüista norteamericano Naomi Chomsky en el sentido de que fue Occidente quien inició esta “guerra de baja intensidad” para frenar la veloz locomotora china con miras de evitar el desplome de Estados Unidos como primera potencia del mundo. En razón de ese argumento se justifica que el virus haya sido particularmente devastador en China, Europa e Irán, toda vez que todos ellos habían cometido algún pecado contra Occidente. China, posicionada como segunda potencia mundial, con un crecimiento que amenaza a Estados Unidos. Europa, por el hecho de haberse asociado con el dragón y sus amigos, dejando en segundo término los intereses norteamericanos. Irán, sencillamente, es un “enemigo de cajón” de Washington.

Según esta teoría, la intención era debilitar a todos estos entes a causa del inminente colapso económico mundial. Según Chomsky, ese caos económico debido al bichito 19, daría lugar a una debilidad económica con efectos en todo el Viejo Continente, que además se vería agravada por la formalización del Brexit. Lo propio podemos decir de los otros países.

A este escenario se suma la eventual intensión del gobierno americano de suspender su apoyo a Europa y su retiro de la OTAN; además de la creación de una vacuna que pudiera distribuirse “únicamente” entre los países afines a Washington. De esa manera se pretende la desaparición o, por lo menos, el debilitamiento mayúsculo de potencias mundiales.

Así planteada la situación, el camino habría quedado libre para que Estados Unidos reafirmara su papel como primera potencia del mundo.

No obstante, el pronóstico y la interpretación arriba citados, la realidad nos muestra todo lo contrario. Es aquí donde encajan las piezas de China, Rusia y la OTAN.

Hace unos días Estados Unidos anunció que reduciría su número de tropas en Alemania y al mismo tiempo el presidente Trump se preguntaba: “¿Por qué Alemania le paga a Rusia millones de dólares por energía y luego se supone que Estados unidos debe proteger a Alemania de Rusia? Esto así no funciona”. Donald Trump puede abandonar a Europa y su alianza militar, lo que provocaría una mayor presencia de Oriente en suelo europeo.

Cuando en 1974 China estrenó su primer submarino nuclear, literalmente provocó las risas de Estados Unidos y la OTAN. China sabe que si quiere competir abiertamente con Estados Unidos debe fortalecer su ejército sin descuidar la geopolítica y una mayor presencia en la economía mundial. Sin embargo, parece que Washington no se ha dado cuenta que por tratar de debilitar a China, podría perder a Europa, uno de sus mejores aliados desde la segunda posguerra. De hecho, los europeos están más preocupados ahora por el comportamiento incierto de Estados Unidos que por las políticas de China. Alemania, por ejemplo, está dividido en cuanto al tema de qué país es su mejor aliado: China, o Estados Unidos. Las encuestas muestran que el 37% de los alemanes creen que Estado Unidos es el socio más importante de Alemania; mientras que el 36% opina que el mejor aliado es China. Los datos son sorprendentes y muestran un cambio significativo en el parecer de Europa. Hace unos diez años Estados Unidos tenía 26 puntos de preferencia en Europa. Ahora, sólo hay 1 punto de diferencia.

El mundo está cambiando y las decisiones de Trump, concretamente la de desalojar sus tropas de Alemania, así como las que se encuentran en Afganistán e Irak, parece indicar el inicio del fin de la presencia de Estados Unidos en el mundo.

En Estados Unidos están más preocupados por la pandemia y el desempleo que se ha desbordado en las últimas semanas de modo que el protagonismo de la Casa Blanca en el extranjero seguramente pasará a un segundo plano. Las propuestas populistas que llevaron a Trump a la presidencia, actualmente, han dejado de surtir efectos. Pero, ¿qué pretende Donald Trump? Por un lado, anuncia la salida de tropas de regiones clave como Oriente Medio y Alemania, tal vez para ganar más votos de cara a la elección de noviembre y una vez obtenido el triunfo, podría enviar las tropas a la región Asia-Pacífico para amedrentar a China. ¿Por qué? En términos militares, China ha estado modernizando a su ejército. Su objetivo es completar esa modernización para el 2035. La creación de islotes en el Pacífico ha puesto nerviosos a muchos funcionarios en Washington. El dragón también ha ocupado las islas Spratly como base militar, pese a la oposición de Malasia, Vietnam y Filipinas.

En el marco del aniversario del PCCH del 2017, el presidente chino expresó que su paìs se ha mantenido en pie, que se ha enriquecido y que ahora había inaugurado un nuevo camino para el mundo. Según esa visión, para el 2049, China se convertiría en el líder mundial y construiría un orden internacional estable en el que una vez más el rejuvenecimiento nacional de China (PCCH) pudiera lograrse. Según Bejín, los acuerdos estadounidenses no preservan ni la paz ni la estabilidad del mundo.

Cuando un país como China declara abiertamente su visión geopolítica, Estados Unidos, la mayor potencia, debería ser más cauteloso y ponderar la visión china. Finalmente, ese es el mensaje de muchos analistas estadounidenses.

Por otro lado, Europa no puede pelearse con China sólo porque no le parece al gobierno de Washington. Los ciudadanos europeos empiezan a perder la confianza en Estados Unidos. Lo que genera el desplome de la popularidad de ese país en el Viejo Continente.

Así las cosas, si Trump decide abandonar Europa o, peor aún, sì éste decide desvincularse de la Casa Blanca, la alianza militar atlántica perderá su pilar fundamental, abandonando a Alemania y Europa a su suerte. Es aquí donde pueden intervenir China y Rusia para llenar el enorme vacío que deje el Tío Sam, sobre todo porque Rusia ha buscado ganar terreno en Europa para equilibrar su fuerza militar con las bases de la OTAN. Si Estados Unidos retirara sus tropas del suelo europeo, el escenario no podría ser mejor para Rusia. En el ámbito comercial, China y Rusia ya han ganado mucho terreno.

Quizás esta sea la interpretación de los rostros sin color de Ángela Merkel y Donald Trump que aparecen en la portada de este mes. Igualmente, pudiera ser la explicación de los rostros a color de los presidentes Vladimir Putin y Xi Jinping.

El logotipo de la OTAN que aparece debajo del rostro de Trump pudiera estar en color porque representa la manzana de la discordia entre dos bloques históricamente enfrentados: Oriente y Occidente. Ese logotipo aparece precisamente entre los líderes de ambos bloques enfrentados.

En la segunda parte de este artículo abordaremos el análisis de los íconos que aparecen en la imagen de la portada The Economist para junio.

Por Lic. Francisco Javier Rodríguez 
Presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales.
Coparmex Metropolitano.

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