La Seguridad Alimentaria Mundial, Próxima Vìctima del COVID-19.

La Seguridad Alimentaria Mundial, Próxima Vìctima del COVID-19.

¡Hola a todos!

Miles de contenedores de carne se amontonan en los puertos. A medida que las interrupciones del transporte y la escasez de mano de obra hacen difícil las operaciones del comercio, las restricciones sobre el traslado de ganado han paralizado las cadenas de suministro dejando a la gente de campo inmovilizada con grandes inventarios. Lo mismo ocurre con las aves y el huevo. Las empresas involucradas en el sector de los víveres deben reanudar sus labores lo antes posible. Esta es una noticia actual, pero que no ha recibido la atención que merece en vista de la cuarentena decretada en todo el mundo.

Por ejemplo, China, es un gran importador masivo de carne de Sudamérica, Europa y Estados Unidos. En últimas fechas, el país ha aumentado sus compras para aliviar la escasez causada por la peste porcina africana, que afectó a este país el año pasado. China aumentó sus compras de carne en prácticamente un 50%.  Durante las cuarentenas y confinamientos impuestos en prácticamente todo el mundo, hemos aprendido que hay cosas sin las que podemos vivir, pero lo primero que no debe faltar, es el alimento.

En la medida en que la pandemia siga aumentando, la ONU ya  ha advertido de una escasez mundial de alimentos para abril o mayo. Este organismo también pronostica que los precios de los comestibles aumentarán en vista de los bloqueos que en varios países afecta el suministro de alimentos.

Ante esta perspectiva,  muchos de los grandes productores del mundo ya prohíben la exportación de sus cosechas. En concreto, lo que ocurre con las mascarillas y el equipo médico de emergencia, puede ocurrir con los alimentos.

Les platico que el Ministro de Agricultura de Francia anunció hace unos días lo que pareciera un llamado surrealista para que los trabajadores desocupados se trasladen al campo para trabajar en la cosecha de semillas. Alemania depende de trescientos mil trabajadores temporales para plantar y cosechar productos durante la primavera y el verano. La cifra de trabajadores necesarios en el campo en el mercado español se aproxima a ciento sesenta mil trabajadores temporales.  En Italia, alrededor de una cuarta parte de los trabajadores son recolectores.

Cuando Europa cerró sus fronteras e impidió el paso a todos los trabajadores, en este caso, del campo, puso en jaque la producción y distribución de alimentos. Esto no significa que el Continente se quede sin comida, sino que ante la ausencia de mano de obra barata procedente del Este de Europa, sus granjeros y agricultores, corren el riesgo de perder sus cosechas. Rumanos y polacos suelen ser los que generalmente sacan adelante las cosechas de Europa, igual que españoles, en otras naciones. Sin embargo, los jornaleros del campo no pueden salir de su país para desempeñar sus labores en los distintos países europeos.

En América Latina, países como Colombia y Ecuador, que exportan flores a países cuyas fronteras están cerradas y aunado al distanciamiento de personas, restaurantes y hoteles cerrados, así como la cancelación de bodas, bautizos y demás eventos sociales, hacen imposible la compra y venta de florería, sin hablar de la prohibición de los funerales. Situación terrible.

Amigos, seguramente cada país puede exponer sus casos y problemas particulares en los sectores agrario y ganadero.

Muchos de los migrantes latinoamericanos que viven en Estados Unidos trabajan en el campo y también se encuentran en una situación muy difícil. Este sector está conformado por inmigrantes, en su mayoría, pobres y sin derechos ni seguridad social, que también pueden llevar el contagio a sus comunidades rurales. Muchos hermanos mexicanos deben desplazarse de un sitio a otro en la frontera norte de nuestro país. En El Paso Texas, se han ejecutado simulacros de seguridad militar y contención de inmigrantes por la fuerza e incluso han cerrado los puentes internacionales en las últimas semanas. En este caso, muchos trabajadores agrícolas no han podido cruzar la frontera para trabajar en los campos gringos. También hay muchos jornaleros que van a Estados Unidos a dar mantenimiento a los jardines del vecino del Norte, pero actualmente ese trabajo, no es prioritario para muchos propietarios estadounidenses. Hay muchas familias de hermanos latinos pasándola mal en Estados Unidos.

En Latinoamérica, por primera vez en muchos años, los ciudadanos están volviendo sus ojos a las personas que les proveen de alimentos, que generalmente son subestimados. Esta nueva crisis ha permitido que quienes se dedican al agro, ahora sí, se sientan valorados y respetados en un panorama totalmente adverso para todo mundo.

Nuestros nobles campesinos hablan de responder con toda su capacidad, pero piden a la ciudadanía que valoren su importancia y, finalmente, se haga eco de sus reivindicaciones, que por años han sido minimizadas por gobiernos en turno en Argentina, Colombia, México y otros países. Algunos campesinos han aprovechado la ocasión para lanzar campañas de ventas directas del campo a los consumidores a través de las nuevas oportunidades que brinda la situación actual, emprendiendo sus tiendas virtuales. 

Es conocido que los costos de producción del sector agropecuario se incrementan cada año a causa de los insumos, que en muchos casos deben ser importados, pero el valor que reciben por sus productos se mantiene estable o a la baja; además de que nuestros campesinos y criadores se ven afectados por la competencia desleal que presentan los productos básicos subsidiados que llegan a nuestros países vía distintos tratados de libre comercio.

Estimados amigos, es el momento de fortalecer nuestros campos y sus trabajadores, así como de valorar la enorme labor que se realiza en ese sector que nos provee de víveres a todos. Las grandes cadenas de intermediarios son las que han empezado a causar efectos alcistas en el precio que pagamos todos nosotros, los consumidores.

La crisis sanitaria está entrando en su fase más aguda y debemos responder a ella colectiva y solidariamente. Es importante que nuestros gobiernos hagan todo lo posible por garantizar la seguridad alimentaria de todos sus habitantes, reconociendo la importancia de nuestros agricultores. 

En la mayoría de los países, ya se ha ordenado el cierre de distintas plazas y mercados, con excepción del sector alimenticio. Esa circunstancia nos obliga a garantizar la salud de productores, vendedores y consumidores que acuden a los tianguis y mercados públicos; pero si no hay una organización y no se establecen los protocolos que garanticen la salud de todos los involucrados, podrían estos últimos resultar perjudicados en su salud o en su economía. Es importante mantener la actividad de los sectores agrícola y ganadero, preservar los mercados de alimentos y de venta directa, así como de entregas a domicilio, obviamente, respetando las medidas de protección para combatir el virus.

Finalmente, la seguridad alimentaria de los países se verá garantizada por la capacidad, voluntad y la resistencia de los campesinos, no tanto las inyecciones de liquidez financiera, que en la mayoría de los casos, se quedan en las instituciones financieras.

Los agricultores, los ganaderos, pequeñas y medianas empresas, la verdadera columna vertebral de la economía, no deberían ser ahogados por la epidemia, ni por el desinterés de los gobiernos. Sin comida y empleo, sencillamente, el mundo no existe.

Queridos amigos, finalmente, esta crisis ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de nuestro sistema alimentario globalizado que en los próximos años puede empeorar si nuestros gobiernos no invierten en la construcción de un sólido sector alimentario local, resiliente y diverso. Garantizar el suministro de alimentos precisa de una acción gubernamental de emergencia para asegurarnos que tenemos los cultivos necesarios y garantizar que todos los bienes y mercancías se distribuyan de manera equitativa para que todos puedan tener acceso a una alimentación sana y económicamente accesible.

No menos esencial es que los agricultores obtengan la ayuda que necesitan y que han estado pidiendo por años. Para sobreponernos a esta crisis necesitamos campos de cultivo, granjas, pequeñas y medianas empresas, fuertes y “de pie”. No perdamos esos sectores cuando más lo necesitamos. Al final, son ellos y el sector sanitario, los que nos mantendrán con vida y salud. El hecho de que estos sectores primarios caigan vencidos por el COVID-19, es una pérdida que no debemos permitir, así que brindemos el apoyo y la solidaridad necesaria para que México pueda ver el día después de mañana.

Saludos cordiales.

Lic. María Eugenia Melo 
Vicepresidenta de la Comisión de Asuntos Internacionales
Coparmex Metropolitano

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