Las jugadas inciertas en la crisis nuclear  del golfo pérsico.

Las jugadas inciertas en la crisis nuclear del golfo pérsico.

ANTECEDENTES.

Estados Unidos cuenta con más de 1,000 bases militares en todo el mundo de las cuales 45 rodean a Irán. El país persa se encuentra ubicado en un espacio geográfico incómodo con las monarquías de Oriente Medio que permiten el estacionamiento de tropas de Estados Unidos en el Golfo Pérsico e Israel esperando el mejor momento para mover sus piezas.

En los últimos 40 años Irán ha enfrentado una década entre guerras. Las hostilidades Irak-Irán comenzaron en 1980 y dejó al país en un estado muy difícil. El conflicto se prolongó hasta 1988. El presidente iraquí Sadam Husein inició una serie de ataques con misiles contra las principales ciudades iraníes. En 1987, Husein lanzó, incluso, un ataque químico contra el pueblo de Sardàh ubicado en la frontera occidental de Irán. Esta guerra impuesta por Irak contó con el apoyo de Europa, pues Alemania vendió armas químicas a Irak, mientras que el Reino Unido y Francia le facilitaban le entrega de cazas a Irak para que le hiciera frente a la guerra. El gobierno iraní tomó represalias con sus aviones de guerra, pero se valió mucho más de su defensa antiaérea para repeler los bombardeos; de esta forma Husein optó por ataques más sistemáticos con misiles, aunque irónicamente era Irán el que padecía las sanciones internacionales. De ahí que sin misiles a su disposición el país estuviera indefenso.Cuando las ciudades iraníes fueron blanco de las lluvias de misiles que transportaban ojivas químicas sin que Irán contará con ningún solo misil para responder, su gobierno fue de un país en otro insistiendo, rogando para tener acceso a un solo misil para defender a su pueblo. Nada consiguió.

La amarga experiencia de la guerra Irán-Irak literalmente obligó a los persas a desarrollar su propia industria de misiles como un instrumento de defensa. Desde entonces, los científicos iraníes han logrado grandes conocimientos en ese campo, y varios de ellos son miembros del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica. Esos expertos realmente han hecho grandes cosas con las manos vacías, pues una de las principales preocupaciones de Estados Unidos e Israel es el poder de misiles de alta precisión de Teherán. Esa industria ha dotado de independencia a Irán, y tal vez esa es otra preocupación del binomio Estados Unidos-Israel; por ejemplo, Pakistán, Arabia Saudí, o Turquía seguramente lo superan en capacidad militar, pero ninguno de estos países es enemigo o mantiene hostilidades con Estados Unidos. Ese es el punto.

 

LA NUEVA SITUACIÓN.

Estados Unidos ha iniciado una serie de presiones para que Irán límite y, en su caso, elimine totalmente su capacidad de misiles. Donald Trump ha lanzado la pelota nuclear para esos efectos. Una de las medidas de presión más importantes fue el abandono unilateral del acuerdo nuclear firmado en el 2015 entre Irán y los miembros del Consejo Permanente de Seguridad de la ONU y Alemania. Ese acuerdo limita el programa nuclear iraní a cambio de que los americanos levanten las sanciones económicas relacionadas con el tema, así que el abandono de Estados Unidos definitivamente se traduce en una modificación del mismo, ya que además de las cláusulas de ese pacto, Donald Trump impone otras condiciones para levantar las sanciones generando, tal vez, un nuevo pacto cuya aplicación significa la indefensión de Irán.  El gobierno estadounidense también acusa al gobierno de Teherán de fabricar la bomba atómica, le exige que limite su programa de misiles, y para aumentar la coerción, intenta paralizar la economía iraní a través de otras sanciones económicas.

Así la escalada de tensiones, a mediados de Abril el presidente Trump calificó como terroristas a los miembros del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica e Irán respondió que sus tropas también son terroristas. A inicios de Mayo, Estados Unidos desplegó en Oriente Medio su portaaviones “Abraham Lincoln” junto con su grupo de combate y bombarderos. Este despliegue también se produce luego de que la administración estadounidense decidiera suspender las exenciones  otorgadas a los ochos países compradores de petróleo iraní el pasado 2 de Mayo, pero hay más: Estados Unidos también va contra el acero y el aluminio iraníes. Definitivamente una decisión que pretende reducir a cero la economía de Teherán.

Los persas, ajustándose a los lineamientos del Derecho Internacional, han pedido a los firmantes del tratado nuclear del pasado 2015 que se pronuncien respecto de la nueva actitud del gobierno de Trump. En un comunicado por escrito, Reino Unido, Francia y Alemania piden a Irán que no se retire del tratado. En cuanto al bloque euro-asiático, China y Rusia “sólo miran” lo que ocurre en el Pérsico. La actitud de todos los signantes es entendible.  Europa se encuentra atrapada, pues entre las presiones de Estados Unidos y los nuevos acuerdos comerciales alcanzados con el gobierno ayatolá, no es capaz de adoptar una postura firme ante ambos Estados. Los iraníes dicen que Europa tiene miedo. Rusia también ha hecho negocios con Europa por varios millones de dólares que le ha permitido solventar de alguna manera las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos, y lo propio podemos decir de China que también debe cuidar sus negocios con los países que son aliados del gobierno norteamericano.

El gobierno iraní ya ha anunciado que se  retira de dos de sus compromisos nucleares, aunque espera que Europa, China y Rusia puedan rescatar el tratado. Esa retractación es crucial para el mundo entero porque afecta los precios del petróleo, la gasolina, la inflación y la economía mundial en general. Irán también ha declarado en varias ocasiones que no quiere guerra con Estados Unidos, pero que si éste lo continúa asfixiando, no sólo se retirará por completo del tratado nuclear, sino que cerrará el “Estrecho de Ormuz”, y si esto ocurre, la culpa de que haya violencia en la región, de que el precio de la gasolina se vaya hasta las nubes y que el petróleo se haga escaso, será únicamente de Donald Trump. Si Irán decide cerrar el Estrecho de Ormuz, Estados Unidos responderá con el ataque de sus fuerzas militares que ya se han posicionado en el Golfo Pérsico.

Hasta el día de hoy esos han sido los movimientos estratégicos entre Washington y Teherán cuyas decisiones definitivamente son delicadas y hasta peligrosas.  Hay dos puntos importantes que no quiero dejar de mencionar y consisten en los tratos de compraventa de armas entre Estados Unidos y Arabia Saudí, ya que el gobierno de Trump, incluso sin el consentimiento del Congreso de su país, ha autorizado la revelación de información nuclear a ese país para que instale plantas nucleares en su territorio y la venta de armamento en el 2016 que se considera como la operación de armas más grande que Estados Unidos ha cerrado en los últimos años. Por otro lado, Donald Trump se ha aventurado a colaborar con el Estado de Israel como no la había hecho ningún presidente, pues recuérdese su declaración en el sentido de reconocer la soberanía del Estado Israelí sobre los Altos del Golán y el Oriente de Jerusalén. Estas actitudes fortalecen a los enemigos regionales de Irán y sitian a éste.

Hay un hecho más: en la tarde-noche del domingo 19 de Mayo, un misil estalló a unas cuantas millas de la embajada de Estados Unidos y otras sedes diplomáticas en la capital iraquí. Incidente que Trump atribuye directamente a Irán y nuevamente amenaza con iniciar un ataque frontal, y aunque esto último, en verdad, resulta prácticamente imposible, Washington sigue acorralando a Irán seguramente para firmar un nuevo tratado nuclear que beneficie los intereses de los firmantes en perjuicio de Teherán. Es necesario reiniciar las negociaciones entre ambos países, pero en atención a la equidad y la buena fe de los signantes, lo que resulta muy difícil, pues no creo que Irán firme un acuerdo desfavorable en el entendido de que también puede presionar por medio de un hábil juego de sus cartas nucleares y comerciales, incluso sin ayuda del bloque euroasiático. Esta nueva crisis ha dejado en evidencia que los iraníes cuentan con la infraestructura y la fuerza nuclear para negociar un nuevo acuerdo sin intervención de ningún país. De ahí las presiones de Estados Unidos y sus aliados regionales en el Pérsico, sólo espero que el nuevo tratado no tarde mucho en negociarse y que la escalada de tensiones no perjudiquen a Europa y Asía.

Lic. Francisco Javier Rodríguez.
Presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales
de Coparmex Metropolitano.

Comisión de Asuntos Internacionales de Coparmex Metropolitano.

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