Todo está bajo control: The Economist

Todo está bajo control: The Economist

Mientras muchas personas observan cómo su patrimonio y su vida se viene abajo, el mundo parece envuelto en una encrucijada sin pies ni cabeza. Actualmente, nadie sabe, ningún gobierno sabe cómo encontrar una salida a esta crisis. Todo parece un enredado laberinto sin posibilidad alguna para escapar. Pero este escenario, al parecer, no lo prevé la prestigiada revista The Economist, que a finales de marzo publicó un número con una singular y controvertida portada alusiva a los hechos actuales. Parece que la revista no está sorprendida sobre lo que pasa en  el mundo.

“Todo está bajo control”, un título categórico que parece indicar que del caos mundial, nada  ha salido de lo planeado. En esta portada, apreciamos a una persona de origen chino paseando a su perro. Detrás de ellos aparece la “mano invisible” que todo lo ve y lo controla. Orwell ya nos había platicado algo al respecto. Desde luego, esta portada se encuentra sustentada en un análisis relativo a cuánto poder puede acumular el Estado con motivo de esta crisis. Para The Economist, la solución para este virus es prácticamente la misma que le da fin a cualquier guerra propiamente dicha. En efecto, para esta revista, los hechos actuales son parecidos a los de una guerra. Cuando las hostilidades terminen, habrá que buscar la manera de conservar el control y la hegemonía de los países vencedores. Se da por hecho que los países perdedores, se sacrificarán en aras de la paz.

Esta crisis ha obligado a los gobiernos a prácticas de poder público caídas en desuso desde hace muchos años. Conforme el tiempo pasa y la incertidumbre aumenta, las personas están dispuesta a permitir cualquier política pública con tal de recuperar la normalidad. Desde los toques de queda, hasta las cuarentenas, todo significa una pérdida en términos de libertad. Recuérdese que en países como España, Italia y Argentina, la gente debe justificar a satisfacción de sus gobiernos el motivo por el que debe salir de sus casas. Todo nos indica que la cuarentena aún va para largo. En tanto no exista una cura eficaz, esta medida simplemente, no  puede suspenderse bajo ningún motivo. Pero nadie puede vivir encerrado de manera indefinida. Entonces, ¿cuál es la alternativa?

La revista Forbes en su versión en inglés publicó que “Bill Gates pide un sistema nacional de seguimiento” Mientras esta crisis ha puesto de cabeza a prácticamente la mayoría de los gobiernos del mundo, incluyendo al de Estados Unidos, en Asia, parece que la situación es diferente.

Corea del Sur y China son los países asiáticos con más éxito en el combate contra el COVID-19. En el caso de China, las políticas sanitarias del Poder Público  han sido suficientes para contener este virus. Pero en Corea del Sur, la falta de privacidad ha permitido controlar el avance de esta enfermedad. La estrategia de este país se ha basado sustancialmente en dos puntos: por un lado, se ha practicado miles de pruebas, gracias a que el país las puede fabricar; pero además, el gobierno surcoreano ha implementado un sistema nacional de seguimiento a todos los sospechosos, portadores del virus. De este modo ha sido posible determinar en qué lugares y con quién habían estado los sospechosos. Sin un sistema nacional de seguimiento, de poco sirve realizar miles de pruebas. Bástenos el ejemplo de Estados Unidos y la cuidad de Nueva York, convertida en el actual epicentro de la pandemia. 

En efecto, un sistema nacional de seguimiento nos permite determinar con precisión dónde y con quién ha estado cada persona infectada. Gracias a este sistema resulta innecesaria la cuarentena general, de modo que ésta sólo debe imponerse a aquellas personas que pudieran estar en riesgo. El instrumento idóneo para identificar y separar a los infectados del resto de la población, ha sido la “geolocalización” en los teléfonos móviles. En Corea y China, uno necesita proporcionar su verdadero nombre cuando se da de alta la aplicación; además se rastrean los movimientos bancarios.

¿Por qué en México no tiene sentido realizar miles de pruebas? En primer lugar, porque no las tenemos. En segundo lugar, tampoco contamos con un sistema nacional de seguimiento como en Corea del Sur.  Súmese, además, las reacciones ambivalentes de nuestro gobierno frente a la pandemia. Pero esa, es otra historia.

Siguiendo con la portada de The Econimist, la publicación que nos ocupa, deja ver la posibilidad de que los gobiernos puedan crear un escenario como el de Corea del Sur, es decir, que todas las personas olvidemos lo que es la privacidad. Personajes como Bill Gates opinan que en el futuro los seres humanos deberíamos contar con un “rastreador eficiente”, por ejemplo, el teléfono móvil. Este instrumento, como ocurre en China y Corea del Sur, permitiría a los gobiernos conocer prácticamente todos los aspectos de nuestra vida privada. Igualmente, podría ser un brazalete biotèrmico, que además de medir la temperatura corporal, almacenaría todos nuestros pormenores de carácter médico y todos los lugares donde habríamos estado. Si uno se niega a usar un posible rastreador, los gobiernos podrían sancionar nuestra conducta.

La situación actual justifica el uso de esta tecnología, que de alguna manera, insisto, ya se ha implementado en algunos países asiáticos. Esta ha sido la manera en que los ciudadanos de esos países han recuperado gradualmente su libertad en aras de  la salud pública. Recuérdese que el rastreador al que están sometidos estos ciudadanos le permite al gobierno identificar a los portadores del virus, de modo que las personas no pueden negarse a seguir las restricciones y las previsiones de los gobiernos, so pena de regresar al aislamiento indeterminado; así que la divulgación de ese medio tecnológico de rastreo (control), bien podría quedarse entre nosotros para los próximos años.

En vista de que la pandemia ha sobrepasado las capacidades de los países, incluyendo las grandes potencias, éste es el momento oportuno para que el mundo experimente un “reajuste geopolítico de fondo”, según lo hemos indicado en artículos diversos. Prominentes políticos del siglo pasado, como Henry Kissinger, por ejemplo, han manifestado que el mundo y su sistema se están derrumbando frente a nosotros, al tiempo que nos advierte que una buena solución debe sustentarse en un “acuerdo de alcances globales”. La gente, tarde o temprano, no se pierda de vista, se dará cuenta de la incapacidad de los gobiernos y con ello, “El Contrato Social”, estandarte de la Historia Moderna, la Revolución Francesa, se derrumbaría irremediablemente.

Finalmente, una interpretación fatalista de la portada de la revista de The Economist, nos informa, como ya lo hemos referido en otras ocasiones, que está es la oportunidad  que el mundo estaba esperando para reajustarse, cambiar, o desaparecer con sus instituciones. Nótese también que estamos frente a la ya segura inauguración de la vigilancia (control) digital por parte del Poder Público. En ese mismo sentido, la era digital también cobrará mayor relevancia en el futuro para todos los aspectos cotidianos de nuestra vida. Así, hasta que nos demos cuenta, el “Contrato Social”, legado de la Revolución de 1789, también se viene abajo.

POR LIC. FRANCISCO JAVIER RODRÍGUEZ  
PRESIDENTE DE LA COMISIÓN DE ASUNTOS INTERNACIONALES.
COPARMEX METROPOLITANO.

Si te interesó lo que acabas de leer, puedes seguir nuestras últimas publicaciones por Facebook, Twitter, Google+ y puedes suscribirte AQUÍ a nuestro newsletter.

Atrévete a innovar