El COVID-19 en México, un potro que no se deja domar

El COVID-19 en México, un potro que no se deja domar

¡Hola a todos!

México ya es el cuarto país con más fallecidos por COVID-19 en el mundo. Las autoridades sanitarias han anunciado desde hace varias semanas que la epidemia ha empezado a disminuir, pero no es la primera vez que se hace esta declaración. La valoración “positiva” del presidente en la gran mayoría de aspectos de su gobierno, es menor en el caso de la atención oportuna a la pandemia. ¿Qué pasa realmente en México? ¿El coronavirus realmente golpea con fuerza a México, o se trata de una impresión fomentada por motivos políticos?

Amigos, desde el punto de vista de la epidemiología, el plan de México consistió en aplicar el “modelo centinela” para medir y contener la epidemia. Este método se usa por los países para medir anualmente la gripa estacional, como si se tratara de encuestas de opinión, por ejemplo, para enterarnos de quién será el próximo presidente, se pregunta a un número determinado de personas sobre su preferencia, tomando en cuenta factores como residencia, edad, profesión y estrato social. En el caso de la pandemia, se aplicaron criterios como ubicación geográfica y estrato social en una escala ¼ para medir “aproximadamente” el número de contagios en el territorio nacional, según lo explicado el Subsecretario de Salud en sus conferencias de prensa y redes sociales. Si en un hospital determinado se reportan “X” números de casos, en otros, se deduce, que habrá un número parecido de contagiados, pero multiplicado por cuatro.

Muchos epidemiológicos mexicanos y extranjeros advirtieron que si bien para la influenza, ese modelo resulta eficiente, en el caso del nuevo coronavirus, un virus nuevo, el sistema aplicado por nuestro gobierno resulta claramente deficiente. En concordancia con ese método, sus principales defensores, entre ellos el Ejecutivo Federal, manifestaron que las pruebas masivas resultaban innecesarias, a pesar de que fue la estrategia que siguieron la mayoría de los países. Si bien es cierto que en muchos países aplicaron pruebas masivas, no por eso evitaron un alto número de contagios, como Estados unidos, por ejemplo.

A mediados de marzo nuestras autoridades nos recomendaron evitar desplazamientos innecesarios y mantener la ya famosa “sana distancia”. Se suspendieron las clases, los trabajos y actividades no esenciales, eventos masivos, al mismo tiempo que se privilegió el trabajo desde casa (home office). Sin embargo, el gobierno de México advirtió desde un principio que bajo ninguna circunstancia decretaría un “confinamiento obligatorio”, a diferencia de otros países latinoamericanos que tienen la misma situación socioeconómica que México: la mayoría de la gente vive de y en la informalidad. Miles y miles de mexicanos dependen de salir a la calle para ganarse el sustento. Es una realidad bastante común en toda la región, que, sin embargo, no impidió que otros países con un alto sector informal como el Salvador o Perú, adoptaran medidas de “cuarentena obligatoria”. Pero, amigos, hay más: muchos países combatieron la informalidad con ayudas económicas en favor de “todos sus habitantes”, como fue el caso de la muy quebrada Argentina. México fue la excepción.

En resumen, esa fue la estrategia del gobierno mexicano para combatir el coronavirus. La única manera de evaluar con certeza la efectividad de las medidas sanitarias de nuestro gobierno consistió sencillamente en dejar que el tiempo pase y esperar el arribo de sus resultados (buenos o malos). Dos factores que finalmente ya se ha presentado.

Para darnos una idea más o menos objetiva de lo que pasa en México con el impacto del coronavirus, debemos tomar en cuenta los datos oficiales de cada naciòn cuando se hacen las comparaciones con las estadísticas de otros países. Una vez hecha la comparación entre países que hacen pruebas y los que no hacen ninguna, se toma en cuenta el número de fallecidos por millón de habitantes. Así tenemos que cuatro meses después de que se decretaran los primeros casos en nuestro país por número de fallecidos, según nuestra población, México es la quinta nación más afectada de América Latina y la décima cuarta en el mundo. Estamos lejos de Bélgica, Reino Unido o España, pero nuestros números son muy parecidos a los de Ecuador o Brasil.

Lo más preocupante es que la realidad nos muestra que la pandemia no ha cedido en lo absoluto, así que en los próximos días habrá más contagios y decesos, pese a las declaraciones oficiales. De hecho, el director de emergencias de la OMS advirtió que levantar las restricciones “a ciegas” en vista de las circunstancia por las que atraviesa nuestro país, puede llevar a una aceleración de los contagios. Un par de semanas después del levantamiento de restricciones que tuvo lugar a principios de este mes, el número total de fallecimientos, ya se había duplicado. Desde el 17 de mayo hasta los datos oficiales más recientes en relación a la primera semana de julio, cada día, sin excepción, han fallecido por lo menos 400 personas por COVID-19. Nuestras autoridades sanitarias aclaran que la pandemia está cediendo, pero la realidad es distinta. No es la primera vez que escuchamos esta “alentadora” declaración. Francamente no nos queda claro cómo es que la pandemia empieza a ceder, al mismo tiempo que México se posiciona entre los países con más contagios en el mundo.

La estrategia epidemiológica también varió en los discursos de las autoridades, pues de anunciar que se evitarían los contagios y muertes, se pasó a decir que el propósito era realmente que nadie falleciera en los hospitales para evitar un inminente colapso de nuestro sistema de salud. Es que también hubo declaraciones contradictorias por parte del Ejecutivo y las autoridades sanitarias en relación al estado de salud de los mexicanos y las estrategias a seguir. Nunca hubo una declaración uniforme al respecto.

La impresión que nos causan las últimas estadísticas es que los contagios han disminuido, pero los datos que nos arrojan los últimos números no son completos. Las estadísticas tardan en procesarse hasta 10 días; por lo que, por ejemplo, el número de fallecidos del 5 de junio publicado en los sitios oficiales el 10 de junio, era distinto al número de fallecidos del 5 de junio, pero reportado hasta el 15 de junio, cuando todos los datos ya habían sido procesados.

Las estadísticas del gobierno han sido difundidas ampliamente, pero en algunos aspectos resultan contradictorios. Situación que ha resultado perjudicial para la difusión de las autoridades, generando incertidumbre y frustración en la población por un descenso que en realidad nunca ha llegado.

Los números confusos del gobierno han sido objeto de fuertes críticas por parte de la oposición que aprovechan hasta el más mínimo error, o la más insignificante omisión para criticar y, en algunas ocasiones, para ridiculizar la estrategia oficial para combatir la pandemia. No podemos decir que la oposición invente sus críticas, porque, finalmente, los números del gobierno ahí están, a la vista de todo mundo.

Amigos, las críticas de que son objeto el gobierno mexicano es un rasgo común en cualquier parte del mundo. No ha habido país invadido por la pandemia y gobernado por el partido del color que sea, donde la oposición no haya criticado las medidas sanitarias de una u otra manera.

Muchos partidarios del gobierno mexicano seguirán defendiendo sus medidas, aunque la cifra de decesos supere las 70 mil víctimas. Las críticas de la oposición seguirán su curso mientras en México no haya las condiciones necesarias para afirmar con certeza que la pandemia “ha sido domada”. Esto último es algo inevitable, que forma parte del quehacer político de cada país.

Saludos cordiales.

Lic. María Eugenia Melo Valderrábano.
Vicepresidenta de la Comisión de Asuntos Internacionales.
Coparmex Metropolitano.

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