La crisis Financiera de Líbano, otra explosión  de graves consecuencias

La crisis Financiera de Líbano, otra explosión de graves consecuencias

Como ya es sabido, el cuatro de agosto nos enteremos de que un hongo nuclear apareció en el puerto de Beirut, Líbano. Dos explosiones que produjeron una onda de choque que destruyó prácticamente todo lo que se encontraba alrededor del puerto.

Esta explosión nos recordó el hongo nuclear que aparece en una de las publicaciones de la revista The Economist. Es que la imagen que aparece en esa publicación de esta revista es muy parecida a la que observamos el cuatro de agosto, y que la revista publicara unas semanas antes del lamentable suceso.

Según la versión oficial, se trató de una explosión de fuegos artificiales. El gobierno libanés confirmaba que en la explosión fue causada por más de 2,750 toneladas de nitrato de amonio que se almacenaban en el puerto de Beirut desde hace algún tiempo.

No obstante, la versión de Beirut, Donald Trump asegura que sus fuentes militares le han confirmado que lo ocurrido en Beirut fue una explosión provocada, o sea, un ataque premeditado. Las imágenes del día posterior a la explosión revelan el alcance de esos explosivos. De hecho, la explosión dejó un enorme cráter y los edificios que se encontraban a su alrededor, sencillamente, desaparecieron.

Líbano es un país ubicado en una región geopolíticamente inestable. Este país es comparte frontera con Siria e Israel. Si pensamos en la hipótesis del ataque de Trump, es mejor no averiguar la verdad, pues el Medio Oriente, al igual que los Balcanes, es un polvorín que puede estallar con cualquier noticia, incluso no confirmada, de un ataque premeditado. Lo menos que necesitamos es un conflicto armado en medio de esta crisis en la que aún nos tiene sometidos el bichito 19.

El escenario previo a la explosión nos refleja un país en crisis, por lo menos, desde el pasado mes de octubre. La moneda libanesa se ha devaluado hasta en un 85%; mientras que su tasa de inflación mensual ha llegado hasta el 56%.

Es evidente que esta apretada situación financiera ha provocado un empobrecimiento acelerado de las clases medias libanesas que, al igual que América Latina, han provocado marchas y el repudio del pueblo libanés.

El pasado mes de junio, los manifestantes incendiaban el Banco Central de Líbano, en la ciudad de Trípoli. El pueblo libanés acusa a esta institución de abstenerse de hacer lo necesario para rescatar su moneda nacional.

Este colapso ha provocado que un país “rico” se inunde de pobres que deambulan por las calles buscando algo para comer. La gente en aquel país se ha visto en la necesidad de cosechar sus propios alimentos debido a los altos precios de los artículos básicos. Parece increíble, pero en pleno 2020, algunos libaneses recurren al “trueque” porque literalmente se han quedado sin dinero.

Por otro lado, el gobierno libanés consiguió más problemas financieros por la imposibilidad de pagar un eurobono por más de 1200 millones de dólares. Los bancos han impuesto controles a los capitales por la fuga de dólares.

El Líbano, un país con más de 6 millones de habitantes, se queda sin divisas extranjeras. La contingencia sanitaria ha agravado la crisis que ya padecía este país. Si las cosas siguen como hasta ahora, hasta el 75% de la población entrará dentro de las filas de pobreza para finales de este año.

Esta singular nación, cercano a Occidente ha tenido que recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) para gestionar un préstamo que le permita rescatar su ya estancada economía. Pero resulta que el FMI no ha cerrado un acuerdo con el gobierno libanés. Como de costumbre, el FMI condiciona la emisión de un préstamo a reformas fiscales estructurales previas a un préstamo de más o menos 10 mil millones de dólares.

Es evidente que sin acuerdo del FMI y frente a un colapso social eminente, el gobierno del Líbano, también ha tocado las puertas de Pekín. Como lo indicamos anteriormente, la posición del Líbano es importante para la ruta de la seda de Pekín, pues resulta que es el vínculo de Occidente con Oriente. Las empresas chinas prestas están para iniciar inversiones en ese pequeño país. La mayoría de esas inversiones se destinaría a la modernización y construcción de carreteras, centros de generación de energía e infraestructura diversa.

En vista de los antecedentes, el dragón, a diferencia del FMI, evita condicionar su ayuda financiera a la implementación de reformas y ajustes fiscales previos. En este caso, China únicamente pediría al Líbano, se incorpore a su ruta de la seda.

La otra cara de la moneda nos muestra a Estados unidos que no ve con buenos ojos esta posible colaboración China-Líbano. En la Casa Blanca opinan que China sólo aprovechará las circunstancias para sacar ventaja de un país que está al borde de un colapso. Sospechas todas estas por las que Washington ha pedido al Líbano que pondere los efectos de un acuerdo antes de cerrar cualquier trato con Pekín.

La encrucijada que enfrenta el gobierno libanés estriba en que si se acerca demasiado al dragón, podría provocar el descontento de Occidente. Por otro lado, si no hay acercamiento a Pekín, enfrentaría el riesgo eminente de un colapso social.

Así las cosas, el pasado 4 de agosto fue destruido el puerto de Beirut, la principal fuente de ingresos del Líbano. Es el sitio de arribo de la mayoría de los suministros necesarios para que la vida económica de este país pueda continuar con normalidad. Sin tiempo que perder, Pekín ha ofrecido su ayuda para la pronta reconstrucción de este importante puerto.

Parece que Beirut se queda sin opciones frente a la crisis financiera agravada por la explosión de hace unos días, pues antes de ese suceso, se pronosticaba que la economía libanesa podría contraerse en un 12%; después de la explosión, la caída será mucho mayor. Los riesgos de una inestabilidad social también son elevados. La reconstrucción del puerto costará varios miles de millones de dólares, que no tiene el gobierno del Líbano.

El colapso de la moneda libanesa, el desempleo, las protestas sociales y el suceso que nos ocupa, aunados a la crisis sanitaria, hacen que el Líbano encare una de las peores crisis que haya sufrido en años; sin olvidarnos que carece de los recursos financieros necesarios para iniciar la reconstrucción del puerto de Beirut. Actualmente, pocos países cuentan con recursos para apoyar al Líbano, entre ellos, China y Estados Unidos. Un dilema muy complicado.

Por Lic. Francisco Javier Rodríguez 
Presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales.
Coparmex Metropolitano.

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