La eterna crisis de Argentina

La eterna crisis de Argentina

Arrancaba el siglo XX y a cuatro años del inicio de la Primera Guerra Mundial, Argentina era el país más rico del planeta, pues su Producto Interno Bruto (PIB) era la mitad del PIB de todos los países latinoamericanos e incluso se ubicaba por delante de Francia, Alemania e Italia.

Argentina conservó su estatus después de finalizada la Gran Guerra y hasta bien entrada la década de los 30. En ese momento se dio la inflación de la economía argentina, ya que ésta se desplomó a un ritmo más acelerado en comparación a las economías más avanzadas del mundo.

Hoy en día, los tiempos de gloria de la tierra del tango es un recuerdo muy, pero muy lejano. Actualmente el ingreso per cápita de los argentinos es la mitad de las entonces economías ricas como Francia, Alemania, Reino Unido que alguna vez superó, e incluso Brasil y Uruguay ya la han superado.

Las causas del declive también se deben a factores políticos, pues la historia del país sudamericano ha estado determinada por una sucesión de golpes militares. El primero ocurrió en 1930, luego siguieron otros en 1943, 1945, 1962, 1966 y 1976. De hecho, la elección del 89 fue el parteaguas argentino, pues un presidente civil tomaba el poder después de más de 60 años de golpes militares y luego de más de 30 años de haber finalizado las dictaduras, el país no había encontrado la estabilidad política y financiera a la que aspiraban todos los argentinos: desde políticas económicas inciertas impulsadas desde la década de los 80 hasta la liberación económica sugerida (impuesta) por el Fondo Monetario Internacional (FMI), se demuestra la fragilidad del país latinoamericano.

El caso de Argentina es un enigma para los economistas, pues últimamente el país se ha hecho famoso por sus crisis económicas que por el futbol. Argentina tiene en sus manos una triple bomba financiera, pues cuenta con un enorme déficit público, inflación y 250 mil millones de deuda externa; producto de años y años de devaluaciones, políticas proteccionistas, hiperregulación e impuestos altísimos, pues es uno de los Estados con los impuestos a las empresas más elevados del mundo. Aquello ha provocado que la industria y la economía en general ya no sean competitivas, y también que los capitales extranjeros se hayan fugado hace mucho tiempo del país en busca de condiciones mejores. El resultado es que como no hay estabilidad ni productividad internas, el gobierno argentino se ha hecho adicto al financiamiento externo.

El asunto es complejo, ya que más del 60% de la deuda pública está determinada en dólares y otras monedas extranjeras, pues por un lado se necesitan reservas para pagar las importaciones y hacer frente a los pagos de la deuda externa, pero como Argentina tiene un saldo exterior negativo, esto es, gasta más dólares de los que tiene, se necesitan préstamos en dólares y que los inversionistas lleven divisas a Buenos Aires; pero si tomamos en cuenta que la mayoría de ellos ya se han ido, el peso argentino se deprecia y nadie invertirá ni conservará sus ahorros en un lugar cuya moneda nacional pierde valor aceleradamente, ¿qué sucede entonces? Los argentinos conservan sus ahorros y sus inversiones en una moneda estable, en este caso, el dólar, lo que hace que el peso se deprecie y que las reservas se consuman cada vez más rápido.

¿Qué hay del gobierno? En la época de los Kirchner, el gasto público representaba el 23% del PIB, y cuando dejaron el poder alcazaba el 40% y eso es entendible, ya que esos líderes contrataban demasiados empleados públicos, y de esa forma el gasto público se disparó en un 60% de modo que actualmente el 35% de los empleados de toda la Argentina labora para el gobierno y esto ocasionó que año con año el gobierno presentara un déficit presupuestario; pero los Kirchner no podían recurrir a los mercados internacionales, primero, porque los inversionistas no se fiaban de ellos y segundo, porque el país había decretado “la suspensión del pago de su deuda externa”. La única solución viable era activar la máquina de hacer dinero, así que el gobierno empezó a imprimir e imprimir billetes sin ningún control para compensar de esa manera el gasto público con nuevos pesos (depreciados), y limitar la cantidad de dinero que los argentinos podían sacar del país para evitar la caída de las reservas.

En esas desfavorables circunstancias es como Mauricio Macri tomó el poder. Cuando éste llegó a la Casa Rosada implementó su política de “gradualismo” consistente en “sanear las finanzas públicas, cuidando los sectores vulnerables y al mismo tiempo creciendo, creando así más empleo y desarrollo”, decía el nuevo presidente argentino. En efecto, ha habido mejoras en el panorama argentino, pues se ha recuperado la confianza de los inversionistas internacionales, pero de todo lo difícil que había que hacer, únicamente ha hecho lo más fácil, ya que en sus más de dos años de gobierno no ha reducido el déficit público ni la inflación. No obstante haber recuperado la confianza del extranjero, el actual gobierno, al igual que los Kirchner, también ha imprimido muchos billetes para mantener aún el enorme gasto público heredado por el matrimonio en el poder, y eso significa más inflación, pese a las políticas de austeridad de Macri. El caso es que hasta ahora las cosas han resultado más o menos como las previó el actual presidente, pero hay dos factores que no han permitido la recuperación argentina: tras dos años y medio en el poder es difícil entender cómo el déficit público, la inflación y los impuestos sigan por las nubes, así que el gradualismo se ha convertido en una especie de “carrera de tortuga” y el gobierno de Estados Unidos ha decido aumentar los tipos de interés, provocando que los inversionistas prefieran canalizar su dinero a los bonos estadounidenses.

Todos esos motivos han obligado al gobierno argentino a solicitar un nuevo préstamo a FMI para pagar las deudas a vencer en los próximos meses. Así es. Uno más. Ante ese escenario cabría preguntarse si es bueno continuar con el gradualismo, o aplicar políticas drásticas de cara a las elecciones de este año. Es evidente que una reforma de carácter radical y urgente puede salvar a los argentinos del caos financiero que no ha visto la luz desde el siglo pasado, y aunque al principio resulta difícil, la historia nos da ejemplos de países que cambiaron absolutamente su política económica; tal es el caso de las ex repúblicas soviéticas Estonia, Letonia y Lituania e incluso la República Checa.

Lic. Francisco Javier Rodríguez.
Presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales
de Coparmex Metropolitano.

Comisión de Asuntos Internacionales de Coparmex Metropolitano.

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